El Pingüino que me enseñó a pintar
Tu instinto siempre tiene un plan: la inesperada conexión entre la psicología, el arte y el sistema nervioso. Un mensaje que un pingüino me regaló.
La vida tiene formas muy extrañas de conectar puntos que creíamos perdidos. A veces, el puente entre quien fuiste y quien eres hoy no es un gran evento, sino algo tan random como un pingüino de cerámica.
Hace poco, navegando por el ruido de Instagram, me encontré con una historia peculiar: una mujer rifando un pingüino tras volverse viral y recibir una ola de hate. Me detuve por la risa, pero me quedé por su actitud. Transformó el veneno en algo positivo. Al entrar en su perfil, encontré a Flor Savignano.
Para mi sorpresa, Flor es psicóloga clínica y artista. Amé cómo funde ambos mundos. Ese cruce, aparte de fascinarme, es la base de todo lo que hago: desde escribir un libro hasta filmar una película.
El sistema nervioso siempre encuentra sus propias salidas de emergencia.
Seguí viendo reel tras reel hasta que llegué a los videos donde ella pintaba mientras explicaba cómo esos trazos simples ayudan a salir del estancamiento y a autorregularnos emocionalmente. En ese momento, la memoria me llevó atrás. Recordé mis años de secundaria, llenos de cuadernos rayados con dibujos sin sentido. Recordé esas reuniones de trabajo interminables donde mi mano se movía sola, creando formas abstractas en los márgenes de las hojas. Siempre pensé que era distracción.
Hoy, gracias a un pingüino viral, entendí que no era ocio: era mi instinto de supervivencia.
Mi inconsciente (o subconsciente, según a quién le preguntes) ya sabía cómo cuidarme antes de que yo tuviera las palabras para explicarlo. Mi cuerpo me pedía dibujar para no desbordarme. Me parece mágico que el algoritmo me haya puesto esto frente a los ojos; es un recordatorio de la importancia de "entrenar" nuestro entorno digital para que nos devuelva luz en lugar de ruido.
Abajo les comparto tres videos. El del pingüino es el inicio, pero los otros dos son los que realmente importan: ejercicios artísticos tan simples que parecen un juego, pero que son medicina pura.
Cierro con esto: Flor no sabía que un pingüino la iba a volver viral; ella simplemente seguía compartiendo su proceso, sus aprendizajes y su propósito desde una cuenta pequeña. Yo no sabía que ese mismo pingüino me explicaría, tantos años después, por qué mi mano dibujaba círculos en mis cuadernos de adolescente.
Nuestro único trabajo es presentarnos.
Seguir el propósito, descubrir qué nos hace vibrar —ya sea pintar, rescatar libros viejos o usar jarras de vino como salseros—. El resultado final está fuera de nuestro control, pero el camino... el camino es lo único que nos pertenece.
Disfrútenlo.
PD: Busquen en su cuenta el video de la carta en el libro antiguo. ¡Increíble la magia!