El jabon que te limpia el alma
Cómo hackear el desgaste corporativo y la rutina a través de proyectos propios. Una dosis de supervivencia creativa sin pedirle permiso a nadie.
A lo largo de mi carrera he tenido el privilegio y la suerte de trabajar en proyectos increíbles. Pero incluso ahí, disfrutando de hacer lo que más me gusta, una parte de mi "alma creativa" se iba muriendo poco a poco.
El mundo corporativo te da muchas oportunidades y definitivamente es un lugar donde puedes cumplir sueños inimaginables; pero, al mismo tiempo, te va desgastando con cada compromiso basado en decisiones aleatorias de gente que no siempre tiene en mente el beneficio del producto, sino sus ambiciones personales. Otras veces, es simplemente lidiar con gente que aterrizó en posiciones mucho más grandes de lo que pueden manejar. Sea la razón que sea, todos hemos estado ahí, atrapados entre dos mundos jalándonos en direcciones opuestas.
Después de mucho tiempo llegué a la conclusión de que una de las formas de evitar que mi alma se drenara era realizar mis propios proyectos: historias que me llenaran y que me lavaran un poquito esa "suciedad" que sentía que iba manchando mi alma en el mundo corporativo.
El primero de estos fue un documental. En aquellos tiempos muy poco se hablaba sobre el poder de la mente y cómo esta creaba nuestras realidades, así que decidí salir a ver si podía comprobarlo; no por medio de explicaciones científicas, sino persiguiendo y filmando a gente que vivía esa filosofía de vida.
Así nace mi primer documental, "Trust 22", el cual me llevó a filmar a Sudáfrica y a hacer un recorrido en carro desde Los Ángeles hasta Miami.
En cuestión de negocios, a este documental no le fue bien. Si vendió 100 DVDs, fue mucho. Pero me dio algo mucho más valioso. Primero, la confianza en mí mismo de que podía hacer esto. Esa fue la primera vez que dirigí algo y, más allá, lo filmé completamente yo. Cámara en mano, aprendiendo mientras iba encontrando a toda esa gente que tenía algo que decir. El segundo beneficio fue que, a partir de ahí, me empezaron a contratar como director y productor creativo (hasta ese momento, todos los trabajos que me habían salido eran en el lado de production management, o sea, logística, budgets, contratos).
Mi segunda incursión en el mundo "independiente" fue un corto. En esos momentos estaba viviendo en Seattle y trabajaba para Xbox. Sinceramente, una de las mejores experiencias de mi vida, incursionando en el mundo de la tecnología y aprendiendo cada día cientos de cosas nuevas. Pero después de unos años de lidiar con la burocracia de mentalidad "rat race", estaba necesitado de alimentar mi creatividad.
Para los que no saben, en estas corporaciones, al llegar a cierto nivel, pasas más tiempo planeando y estrategizando cómo mover tus proyectos adelante internamente, que tiempo mejorando el producto en sí.
Para darles un ejemplo concreto: recuerdo una vez que mi equipo, el cual estaba compuesto por cuatro personas, nos gastamos CIEN MIL DÓLARES para crear una presentación que la vieron, literalmente, 10 personas. Esa presentación estaba enfocada exclusivamente en convencer a esas personas de que debían financiar nuestro proyecto. La presentación fue todo un éxito, a todo el mundo le encantó, pero unas semanas después Xbox pasó por una de sus tantas reorganizaciones y "la nueva gerencia" decidió ir en otra dirección. Se imaginarán el nivel de frustración cuando esto te pasa tres o cuatro veces seguidas...
Ojo, porque de esto también se aprende... El nivel de detalle y la cantidad de estrategias que aprendí creando ese tipo de presentaciones me ayudaron en el futuro a que en compañías más pequeñas me aprobaran TODO lo que yo quería hacer... Desde usar técnicas como socializar una idea, hasta crear una conexión emocional durante mis presentaciones con los ejecutivos que tomaban las decisiones.
La gente piensa que la vida corporativa es 100% números y dólares, pero eso es un error... Las emociones muchas veces pueden más que cualquier tipo de lógica financiera.
Pero como bien se imaginan, esas lecciones tenían un peso muy grande sobre mi alma y sobre mi experiencia de vida en ese momento... Esto me llevó a buscar ese jabón creativo que me ayudara a resistir un año más de vida corporativa, y se manifestó por medio de un cortometraje que fui a filmar con mis amigos en Los Ángeles, llamado "Liminality".
A pesar de que me gané varios premios por esta filmación y me abrió unas puertas interesantes, el aprendizaje más grande de esta historia me llegó casi 13 años después. Pero esa historia en sí es meritoria de un post completo y se las contaré en otra ocasión. Se las comento porque es importante recordar que uno nunca sabe qué tipo de puertas se pueden abrir con cada proyecto que hagas, por más pequeño que sea... Toda esa energía y esfuerzo, tarde o temprano, se va a multiplicar de maneras que ni te imaginas.
A partir de ahí, este concepto de "El jabón creativo" fue consolidándose en mi estrategia de vida. Cada mini-proyecto tenía un objetivo: liberar mi creatividad y, al mismo tiempo, abrir puertas que antes estaban cerradas.
A lo largo del tiempo creé muchos proyectos independientes, unos más locos que otros. No me limitaba con nada y siempre trataba de hacer algo que fuera completamente mío, sin pedir permiso ni dar explicaciones...
Este corto nos permitió explorar cosas que en ningún otro lugar hubiera podido hacer. Lo filmamos en un día con un crew de cuatro personas, incluyéndome a mí, y dos actores fenomenales que se atrevieron a soñar conmigo.
No me pregunten qué estaba pasando por mi cabeza cuando se me ocurrió esta idea, pero les prometo que no estaba consumiendo ningún tipo de drogas... No sé qué va a salir de esta cabecita el día que pruebe unos hongos o algo por el estilo =).
Lo cierto es que, con o sin hongos, la creatividad libre es un viaje de ida. A veces limpia, a veces incomoda, pero siempre te transforma. El mundo corporativo, el algoritmo y la rutina te van empolvando el alma. Está en ti encontrar la forma de limpiarla. No necesitas permiso, ni presupuesto, ni la bendición de un comité de ejecutivos para hacerlo. Solo necesitas las ganas de contar algo que sea tuyo.
El jabón creativo es más que un lujo; es un mecanismo de supervivencia psicológica y espiritual.